Pasos críticos en las primeras 24 horas tras un ciberataque

La gestión de un ciberataque no empieza cuando el ciberdelincuente entra en el sistema, sino cuando la organización detecta la intrusión y decide cómo responder. En ciberseguridad, las primeras 24 horas tras un ciberataque son determinantes para limitar el impacto, proteger los datos y evitar consecuencias legales y reputacionales graves.

Desde nuestra experiencia como especialistas en ciberseguridad, podemos afirmar que la diferencia entre una empresa que se recupera con daños controlados y otra que entra en una crisis prolongada suele estar en las decisiones técnicas y estratégicas tomadas durante el primer día del incidente.

En este artículo analizamos los pasos críticos de respuesta ante un ciberataque, con un enfoque técnico, realista y alineado con las mejores prácticas de seguridad informática y cumplimiento normativo en España y la Unión Europea.

Pasos a realizar después de un ciberataque

Detección y confirmación del incidente de seguridad

El primer paso tras una alerta es confirmar si realmente se trata de un incidente de ciberseguridad. No todas las anomalías implican un ataque, pero ignorar señales claras puede permitir al atacante avanzar sin oposición.

La confirmación del incidente se basa en el análisis de logs, alertas del SIEM, eventos detectados por soluciones EDR o comportamientos anómalos en red y sistemas. Una vez confirmada la intrusión, debe activarse inmediatamente el plan de respuesta a incidentes, si existe.

En organizaciones sin un plan formal, es crítico designar cuanto antes un responsable técnico que centralice la toma de decisiones. La falta de coordinación durante las primeras horas suele provocar errores que amplifican el impacto del ataque.

Contención inicial del ciberataque

La contención es uno de los pasos más sensibles dentro de la respuesta a incidentes de seguridad. El objetivo no es eliminar al atacante de inmediato, sino evitar la propagación del ataque y limitar su alcance.

En esta fase se toman decisiones como aislar sistemas comprometidos, revocar credenciales sospechosas, bloquear accesos externos o segmentar la red. Desde un punto de vista técnico, siempre que sea posible, es preferible aislar antes que apagar sistemas, ya que un apagado brusco puede destruir evidencias clave.

En ataques de ransomware, por ejemplo, una contención temprana puede evitar el cifrado de servidores críticos y copias de seguridad, reduciendo drásticamente el impacto operativo y económico.

Preservación de evidencias digitales y análisis forense inicial

Uno de los errores más graves tras un ciberataque es modificar sistemas comprometidos sin preservar evidencias digitales. Durante las primeras 24 horas es fundamental proteger logs, volcados de memoria, registros de autenticación y cualquier artefacto que permita reconstruir el ataque.

La preservación de evidencias es clave no solo para el análisis forense, sino también para posibles acciones legales, reclamaciones a aseguradoras de ciberseguridad y cumplimiento normativo. Cualquier intervención técnica debe quedar documentada con precisión, indicando quién la realiza, cuándo y con qué objetivo.

Esta trazabilidad resulta esencial en entornos regulados y en incidentes que puedan derivar en sanciones o litigios.

Análisis preliminar del alcance del incidente

Durante el primer día no se realiza un análisis forense completo, pero sí es imprescindible obtener una visión inicial del alcance del ataque. Esto incluye identificar qué sistemas han sido comprometidos, qué usuarios están afectados y qué nivel de acceso ha conseguido el atacante.

En esta fase se analizan indicadores de compromiso, posibles movimientos laterales, accesos privilegiados y mecanismos de persistencia. El objetivo es determinar si el atacante sigue activo y cuál es el peor escenario posible.

No es lo mismo un acceso puntual a un servidor web que el compromiso de un controlador de dominio o una plataforma cloud con privilegios elevados. Esta evaluación condiciona todas las decisiones posteriores.

Comunicación interna durante un incidente de ciberseguridad

La gestión de la comunicación interna es un aspecto crítico y, a menudo, infravalorado en la respuesta a incidentes. Durante las primeras 24 horas, la información debe ser controlada, coherente y basada en hechos verificados.

El personal técnico debe recibir instrucciones claras sobre qué sistemas no deben tocarse y a quién reportar cualquier anomalía. Al mismo tiempo, la dirección debe ser informada de forma objetiva, evitando tanto el alarmismo como la minimización del riesgo.

Desde una perspectiva profesional, es preferible reconocer incertidumbre técnica que transmitir una falsa sensación de control en fases tan tempranas del incidente.

Evaluación legal y cumplimiento normativo

En paralelo a las acciones técnicas, debe iniciarse una evaluación del impacto legal del ciberataque. En el marco del RGPD, una posible brecha de datos personales activa obligaciones de notificación ante la Agencia Española de Protección de Datos y, en determinados casos, ante los propios afectados.

Durante las primeras 24 horas no siempre se dispone de toda la información, pero retrasar esta evaluación puede provocar incumplimientos normativos con consecuencias económicas y reputacionales significativas.

La coordinación entre el equipo de ciberseguridad y el área legal es fundamental para asegurar que las decisiones técnicas estén alineadas con las obligaciones regulatorias.

Continuidad del negocio y toma de decisiones críticas

Otro de los pasos clave es decidir qué servicios deben mantenerse operativos y cuáles deben suspenderse temporalmente. Esta decisión debe basarse en criterios de riesgo y seguridad, no únicamente en impacto económico inmediato.

Mantener sistemas comprometidos en producción puede facilitar la persistencia del atacante o la exfiltración continua de información. Por el contrario, detener servicios críticos sin análisis puede generar pérdidas innecesarias y dañar la confianza de clientes y partners.

Una correcta gestión de la continuidad del negocio durante un ciberataque requiere equilibrio entre operativa y seguridad.

Preparación de la erradicación y recuperación

Aunque la erradicación completa del ataque no suele iniciarse en las primeras 24 horas, este periodo es clave para preparar la recuperación. Esto implica validar copias de seguridad, revisar accesos privilegiados, planificar el endurecimiento de sistemas y definir una estrategia de restauración segura.

En ataques avanzados, especialmente aquellos que implican robo de credenciales, una recuperación apresurada sin erradicación completa suele derivar en reinfecciones semanas después.

La experiencia demuestra que una planificación sólida en esta fase reduce significativamente el riesgo de incidentes recurrentes.

Lecciones tempranas y mejora de la postura de seguridad

Incluso durante el primer día del incidente es posible identificar fallos en la estrategia de seguridad. Controles que no funcionaron, alertas ignoradas o procesos inexistentes suelen quedar en evidencia rápidamente.

Documentar estas observaciones mientras el incidente está activo permite mejorar la postura de seguridad y fortalecer los planes de respuesta futuros. La mejora continua es una parte esencial de la ciberseguridad moderna.

Las primeras 24 horas tras un ciberataque son decisivas. No se trata de actuar rápido sin criterio, sino de responder con método, conocimiento técnico y una visión estratégica clara. En la mayoría de los incidentes graves, el mayor daño no lo causa el atacante, sino una respuesta desorganizada o improvisada.

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